lunes, 10 de noviembre de 2008

Xiaguan - Yongping, gran subida (terminado)

Empieza una ruta de 7 dias en las que pedalearé 6 unos 700 km. Mi intención es desde Xiaguan (Dali) seguir la ruta G320 hasta el río Nu y luego subir valle arriba. Mis referencias son los viajes de Bill Weir y Pete Jones documentados en www.crazyguyonabike.com

Edificio de la presa a la salida de Xiaguan

Hace unos días por intermediación y gracias a Lierna había llegado a un acuerdo con un porteador para que me acompañara en este viaje llevándome el equipaje. Había quedado con él a las 8 en el hotel para salir directamente. En cambio, se presentó con su esposa para negociar el acuerdo. Fue una negociación donde su interés era garantizar 8 días de trabajo incluso si volvíamos antes y también obtener un poco más. No había forma de entenderse (por el idioma) hasta que la gente del hotel vino en nuestra ayuda y, también con sus limitaciones, comprendí lo que quería. Le garanticé el ingreso de 8 días, subimos las alforjas y mochila a su coche y salimos.

"Coche" tal vez es la palabra más adecuada, y lo es, pero no es algo que tengamos en occidente. Su tamaño es más estrecho e igual de largo que un Smart, y está organizado como un monovolumen de forma que tiene 7 asientos. Cuando se tumban las dos filas traseras queda el largo justo para que entre la bicicleta sin quitar la rueda delantera.

Carretera y autopista siguiendo trazados cercanos

A veces he comentado que me siento mal si salgo demasiado tarde. Me gusta siempre llegar a destino no más tarde de las tres de la tarde para tener tiempo de encontrar hotel, disfrutar (o sufrir, según toque) un masaje y escribir un poco antes de cenar. Mi hora ideal de salir serían las 7... otra cosa es que lo consiga. Así que salimos a las 9:05 y olé.

Los valles laterales

La primera alegría es que el coche no contamina mucho, y en realidad mucho menos que una moto con motor a dos tiempos. La segunda alegría (aunque esa me la esperaba) es que tras dejar la ciudad la carretera es de bajada. Y a fé que bajamos, unos 600 metros en 28 km, en una carretera con un firme de asfalto bastante aceptable y en un valle precioso.

Por encima de las nubes

La carretera transcurre paralela a la nueva autopista y la bajada me permite disfrutar de puntas de velocidad de 60 km/h que vivo con locura. Como en su momento comentaba con Gema: no me “pone” un coche a 200 pero sí una bici a 50. Es que la sensación de velocidad es más pura, más rabiosa.

Llegan los adoquines

Pasé un momento de pánico cuando llegaron los adoquines. Otra de mis referencias, Pete Jones, había contado tanto de su viaje entre adoquines que yo les había cogido un poco de miedo. Sí, porque al final no tengo muy claro lo que es este viaje para mí, pero no quería sufrir en demasía, sentía que no podría aguantar algo como lo que él hizo, que no me iba a proporcionar placer un viaje así y, al fin y al cabo, esto eran unas vacaciones. Hubo en este principio de etapa unos 15 km de adoquines (km 28 al 43) en un 60% en la última parte del descenso. La sensación fue curiosa al principio ya que no se sentían mal sino como una ralentización de la bajada. Es decir, estabas bajando (poco) pero no lo sentías, ibas relativamente rápido y no se notaba la bici vibrar mucho.

Algunas de las escenas que se ven desde la bicicleta son muy agradables. Por ejemplo, el edificio, tan chino él, de la presa y central hidráulica. O el viejo puente abandonado. Es también curioso el transcurrir de la autopista codo con codo con la carretera, o el verde de este valle y de los valles que confluyen en él.

El viejo puente

Quiero hablar de los perros. Bill Weir, quien hizo casi 4000 km en esta zona en febrero-marzo que documentó muy bien en su bitácora Yunnan 2008, símplemente comenta que fueron poco amigables... sí, puedo aceptar esa definición aunque en una ocasión un mordisco me dejara una ligera raspadura en la pierna :( Los perros me ladraron y persiguieron frecuentemente aunque del que creo más peligroso me escapé por velocidad. En más de una ocasión me quedé con ganas de revolverme: al fin y al cabo la bici se podía levantar y yo llevaba buenas zapatillas capaces de dar una buena patada.

Paisajes desde la bicicleta

Pero, honestamente, más que peligrosos fueron molestos. Molestaban sus ladridos, su persecución y que tuvieras que estar atento (a la vez que seguir controlando el manillar) a que no fueran realmente peligrosos. Por supuesto, no tengo ninguna foto de un momento de estos :)


Parte de esta suavidad era causada porque los laterales de la carretera ahora adoquinada en un principio con el tiempo los adoquines se habían cubierto de tierra y por tanto el “efecto adoquín” se amortiguaba. Esto cambió cuando los adoquines perdieron esta tierra. Un rato de adoquín pudo y duro empezó a fastidiarme y de forma natural buscaba el lateral donde hubiera menos, o sea que iba de lado a lado de la carretera buscando la parte más llevadera. En fin, esta segunda parte del adoquín, que incluyó un poco de subida, no se pasó tan bien.

Carretera y autopista siguiendo trazados cercanos



Paramos a tomar té a las 2 horas de bici -sobre las 11:40-, tras el suave comienzo de una subida que luego no sería tan suave. El sitio donde paramos era una aldea de carretera de las que servía al denso tráfico de antes de la construcción de la autopista, pero que ahora había -muy probablemente- perdido gran parte de sus ingresos.

Una sonrisa preciosa

La gente nos recibió con sorpresa y vacilamos sobre en que sitio entrar de ambos lados de la carretera. Queríamos un té, no comer, y en China el té es algo que te ponen en la mesa como el agua en EE.UU., gratis y de entrada. Nos sentamos en uno de los sitios y saqué el chocolate belga, la gente acudió en torno a nosotros con curiosidad, y un niño -el niño de a dueña/camarera- exhibió una sonrisa enorme y aceptó una primera muestra de chocolate. Luego no querría más y no sé si es que no le gustó o es por comportamiento social. Al final una parte del chocolate que yo llevaba para darme fuerza en ruta y para compartir era muy negro, y supongo que si no estás acostumbrado te puede resultar extraño.

La familia del restaurante

Bueno, al final fue un sitio donde hicimos muchas risas, la gente preguntaba de dónde era yo (Xibanyá, España) y al final no nos cobraron nada por el té. Este rato de descanso coincidió con la salida del sol entre las nubes y me proporcionó energía para enfrentarme a lo que venía.

Fábrica de cemento al borde del río



Porque, en efecto, ya había empezado la subida y sería una buena subida, la más fuerte de la ruta, desde 1300 a 2360 m (si la referencia en el hotel de Xiaguan era buena). Y hubo muchas cosas que me sorprendieron en esa subida, por ejemplo los alojamientos para camioneros.

Alojamiento para camioneros



Hay muchos de estos alojamientos en la ruta. Son muy humildes y consisten, básicamente, de una casa alargada dividida en habitaciones cada una con una cama y una mesa y silla, tal vez (no me adentré) un lavabo también. Los servicios están en el exterior, no sé si tendrán ducha. Hay que tener en cuenta que un viejo camión sobrecargado, como van todos, podía hacer estas subidas a 10 km/h y por tanto tardar un día entre dos ciudades separadas por poco más de un centenar de kilómetros. Con los sueldos y costes de China los camioneros (y sus empresas) tendrían interés en parar en ruta en lugar de en las ciudades, y estos alojamientos podrían costar un Euro la noche (10 – 12 RMB, según relatan Bill o Pete, yo no pregunté). Los vi mejores pero también más humildes que este.

Paisajes desde la bicicleta









Otro alojamiento para camioneros





Secando nísperos al sol

En un poblado había gente secando nísperos al sol y vendiéndolos. Me permitieron hacer una foto pero me corté de comprar, ¡seré bobo! La verdad es que me apetecía probarlos. Llegué discretamente y la señora, cuando se volvió a mirarme, se quedó sorprendida. Le pedí permiso para tomar la foto, dijo que sí y se volvió para no salir en ella.

La mirada inquisidora



¿Cosechando o limpiando los arcenes?



Fonda-parada de autobusesDos horas más después del té, a las 13:30, paramos a comer en un “restaurante” de una aldea que antes debía ser el sitio casi obligado de parada de autobuses y camiones que recorrían la vieja carretera G320 entre Xiaguan y Baoshan, pero que tras la construcción de la autopista había venido a menos. Esta parada me proporcionó la primera experiencia de comida que ... no sé cómo definir, digamos que me sorprendió.

La cocina y fresquera del restaurante

Xiaozhang, mi porteador, entró hasta la cocina -nada difícil ya que en este caso la “cocina” (ver fotos) era lo primero que te encontrabas-, miró los ingredientes disponibles y pidió que le hicieran . Eran las 13:20 y llevábamos ya 72 km y 3h20 de pedaleo. En el restaurante varias personas estaban a punto de comer pero no tenía pinta de que fueran clientes sino familiares: una niña preciosa, la madre que estaba dando de comer al pequeño (en su espalda) a la vez que comía ella... me senté en un banco y no podía, era demasiado pequeño. Tuve que poner uno encima de otro para estar cómodo, la situación no dejaba de ser cómica.

Como muchas cocinas del interior chino esta cocina usa carbón (ver foto el día 17) pero no el que conocemos en España sino un carbón al que se le ha dado una forma determinada, cilíndrica y con agujeros que permiten la entrada de aire y una mejor combustión. Este carbón podía usarse incluso en quemadores de centro de mesa, especie de braseros sobre los que se pone la caldera-cocido de pescado a la que llaman “hot pot”. Ya hablaré de este plato. Cocinar con carbón produce humos que incluyen azufre y que llenan con su olor todo el comedor, es muy contaminante y causa enfermedades a largo plazo por lo que se recomienda acabar con este combustible para la cocina... si se pudiera, estamos hablando de países o zonas de países en desarrollo.

Comimos mucho para mi gusto -aunque admito que lo disfruté. No porque la comida china sea pesada, que no lo es sino al contrario, sino por estar en plena subida y quedarme todavía mucho tramo. En estos casos yo prefiero comer fruta, frutos secos y chocolate, alimentos que dan energía pero que no llenan.



Una comida muy agradableComimos coliflor frita con un excelente chile que cuidadosamente me encargué de apartar, una “tortilla de patatas” pero sin huevo y con la patata y la cebolla cortada en juliana (en la foto medio cubierta por perejil), y un lomo de cerdo (parecía embuchado) frito tan picante que para que yo lo pudiera comer me trajeron un cuenco de agua caliente por el que pasaba el lomo antes de ponérmelo en mi cuenco (allí no se come en platos sino en cuencos), de esta forma quitándole los chiles. También un arroz que esta vez no fue blanco sino tipo “tres delicias”, pero sin jamón. En total costó menos de 4 euros y sobró de todo.


Este contacto tan directo con los chinos siempre me ha resultado curioso. Y no sé por qué. La forma que toma relación con ellos tal vez. En fin.




Reanudando la marcha me costó 50 minutos subir los 400 metros que me hacían recuperar la cota de partida en Xiaguan, 81 km más tarde. Hacía rato que había un sol de justicia (ocasionalmente interrumpido por alguna nube) y debí dosificar bien el protector solar. Las vistas de los valles eran preciosas, con vegetación abundante sobre todo pinares y, lógicamente, conforme subía se veía más lejos, más valle, más vegetación. Pasé por un corto congosto y me sorprendí del tamaño de las arañas que se han adaptado perfectamente al hombre y construido sus redes en los tendidos de teléfono, en otro momento incluiré una foto. En un momento una mariposa enorme, preciosa, se cruzó entre mis brazos y el manillar y me sorprendió y alegró: estaba, definitivamente, de muy buen humor, disfrutando la subida (una vez liberado de la carga) y de la naturaleza y apreciando la jornada en su justa medida.





Otra impresión fue la del refuerzo del sistema de frenado de los camiones. Parecen ir todos sobrecargados y por tanto con problemas fuertes tanto para subir como para bajar. Parecen tener un sistema de refrigeración de los frenos por medio de agua que se vierte sobre las ruedas (el día 12 vi una estación de recarga de este agua) de forma que ese agua se queda en la carretera al bajar. Otros días tomé fotos de cómo quedaba la carretera pero se produce un barrillo mezclando tierra y los restos de aceite.



El collado que dejaba atrás...

Llegué al collado, por fin. Son las 16:20 y estoy a 2360 metros o así, 410 sobre mi punto de partida en Xiaguan. Hasta ahora he hecho una media de 18,2 km/h y llevo ya 90 km. Lo que me queda es una bajada de 13 km hasta Yongping (a 1660 o así), una delicia. Me abrigo con papel y justo al empezar me ataca otro perro. He observado que los perros que atacan son los que están junto a sus casas, cuando me los encuentro por la carretera normalmente huyen. Sea como sea esta vez me vi muy cerca de un mordisco pero aceleré con alegría y me escapé. A veces, en realidad, he sentido que lo más peligroso no es ese (improbable) mordisco sino que al intentar evitarlo pierda el control y me caiga.

...y lo que me esperaba

La bajada fue vertiginosa, me lo pasé pipa adelantando camiones y alguna moto, inclinándome en las curvas para mantener la mayor velocidad, siempre atento al tráfico. El firme, con sus manchas de agua, estaba inicialmente mejor pero en una curva yendo yo a más de 40 km/h frené y la rueda trasera me hizo un extraño que me hizo suponer que además de agua había aceite en el firme – me moderé un poco. Más tarde la bici parecía descuajeringarse con los parches del asfalto.

No sabía qué hacer respecto a los dormitorios. El año pasado en Vietnam y con alguien que conozco más cada uno habíamos tenido nuestra habitación. Este año, sin embargo, me encontré que me pedían 100 yuan (también llamados RMB) por habitación y a mi porteador le había negociado una reducción de 140 a 130, 10 yuan. Pensé que no tenía sentido negociar por 10 yuan y pagar 100 yuan por noche más, así que nos alojamos juntos cada noche. No fue mal la experiencia: Xiaozhang, siempre respetuoso, me cedía el primer turno de ducha y además no roncaba :) De todas formas admito que es un tema que me perdía un poco.

Cena de berenjena frita, habas tostadas, setas con cerdo, arroz y patas de cerdo cocidas

Fue espectacular la compra del super: atrajimos la atención de casi todos los dependientes/as. Quería comprar café, leche en polvo, azúcar (todo esto para hacer más familiar el desayuno, aquí no hay café en ningún hotel -o casi-), y debía ser el único guiri en esta ciudad de unos 100.000 habitantes. Así que intentaron entenderme, tanto los dependientes como Xiaozhang -que, recordamos, tampoco es que hablara mucho inglés. Al final salimos con casi todo y además con una dos teteras-termo típicas chinas.

Un autobús de literasLos chinos y las teteras-termo. Como los chinos beben té en lugar de agua, té verde sin teína, llevan consigo un termo todo el día. En cualquier sitio te ofrecen agua hervida con lo que es fácil rellenarla. El té da un sabor muy suave de forma que más que té fuerte estilo inglés (u occidental) toman agua caliente con sabor a té. Me gustó la idea y voy a ver qué tal me va con un té de jengibre que compré.

Las cifras de la jornada: 107 km en 5h30 de pedaleo, 8h en total (9:10 a 17:10); 19,4 km/h de velocidad media y 64,8 km/h de máxima que no superaría en el resto del viaje. Unos 1060 metros de subida y 1350 de bajada.

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