El día amaneció luminoso, otro más. Estábamos teniendo mucha suerte con el tiempo este tramo y, tras la experiencia de Guiyang, yo tocaba continuamente madera para que siguiera así.No me había dormido hasta las 3 y no sé por qué. Intenté hacerme Reiki pero no sirvió de nada, no hubo forma. El otro día que me paso lo mismo fue por el golpe de calor, pero ayer no pareció ser tan fuerte -aunque sí es cierto que hizo mucho sol a partir de las 10.
Salimos a las 9:20 tras desayunar en la habitación (no había desayuno en el hotel ni vimos restaurantes cerca) fruta y una especie de pan graso de azúcar que trajimos de la cena.La salida del pueblo nos "regaló" un olor casi inaguantable a contaminación. La carretera continuó por el centro del valle y era, por lo tanto, bastante plana. Sendas hileras de árboles daban sombra pero, espaciados, dejaban disfrutar del paisaje, unas vistas de montañas a medio vestir de árboles que resistían como jabatos en las zonas más empinadas.
Casi vi un accidente y, lo que sí que vi, fue una bronca por el tráfico. Una bicicleta se metió sin mirar en la carretera y un autobús casi le atropella. El conductor increpó al ciclista y éste le respondió. Creo que ya he comentado en alguna ocasión que me asombra que no haya más muertos por el tráfico, dado lo arriesgado de la gente... un ejemplo claro.
Una anciana con un cesto a la espalda iba recogiendo o arrancando cortezas de un tipo de árbol que yo había visto ya en Vietnam, tal vez un eucalipto. En cualquier caso le llamaban tronco de colores porque con el tiempo iba cambiando de color al quitarle la corteza de forma que se veían varias tonalidades simultáneamente.Por primera vez tuve la ocasión de ver bastante gente vestida tradicionalmente, colores brillantes rosas y verdes, muy bonitos.
Paramos a tomar un té (de café ni soñarlo) alas 10:30 tras una hora pedaleando y, para mi sorpresa, Lierna pidió una comida completa con picante y todo... ¡pensó que yo tenía hambre! El sitio, a la salida de un pueblo, me obsequió con varias cosillas muy agradables: un par de ancianos muy ancianos, ella coqueta con pendientes de oro y sonriente, muy sonriente. Le ofrecí chocolate y lo probó pero no sé lo que hizo con el resto... supongo que no le gustó. Después pasó una vendedora de unas tiras de algo seco pero graso que resultó ser queso. Lierna lo recomendó y efectivamente me gustó.
Mi primer accidente: eran las 12:30 y ya habíamos empezado a subir alguna que otra cuestecilla. En un momento me paré y debía estar cansado porque no solté a tiempo el calzo del pedal y me caí de lado. Lierna se asustó un poco al ver la sangre pero no era más que un roce.
Media hora más tarde la subida se acrecienta. Hemos llegado a un collado como a unos 500 metros de subida sobre la referencia de ayer, el lago Erhai, entre bosques y montañas que hacen la ruta cada vez más bonita. Una rápida bajada sigue; nueva subida y nueva bajada y me da la impresión de que necesito energía. Hay un minúsculo prado que nos sirve para echarnos y descansar un rato y Lierna se duerme plácidamente a pesar de los pitidos de saludo de alguno de los camiones que pasan y que conseguían que yo levantara la mano para saludar pero no que sacara la cabeza de debajo de la chaqueta con la que me cubrí. Yo agradecí el descanso como pocas veces ese viaje.
Tras la corta siesta y tras comer fruta y chocolate seguimos subiendo hasta la cota 600 y volvimos a bajar hasta 300 metros, un buen desnivel. Esta bajada nos obsequia con la vista de las primeras grandes montañas nevadas lo que me hace suponer que mañana veremos más.
Llegamos a Jianchuan donde tuvimos alguna dificultad en encontrar un hotel. Sin embargo, el que encontramos tenía masaje así que nos dimos ambos un deseado masaje de piernas. Sin embargo, no salí muy contento ya que hacía un moderado frío en la habitación y no estuvimos todo lo cubiertos que deberíamos. Eso me destempló con lo que no aproveché bien el masaje.
Salimos a cenar en un restaurante muy humilde pero una comida muy agradable. Había un supermercado cercano y, como en el restaurante no tenían vino, fui a comprar una botella allá de la que invité a probar a la campechana dueña del restaurante.
En total hicimos 61 km en 4h06m de pedaleo mientras que de viaje fueron 6h20. Subiríamos unos 800 metros en total, y la media fue de 14,8 km/h frente a una máxima de 55 km/h.


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