Ya al levantarme me noté cansado y sabía que el día de hoy iba a tener todavía más cuesta. El masaje de ayer no me había conseguido descargar de cansancio. No sé si una parte de la culpa la tenga la carga, por segundo día consecutivo pedaleé con las alforjas llenas, tal vez unos 20 kg adicionales. Por otra parte Liarna también lo estaba aunque nunca se quejara. Así que directamente le ofrecí pedalear durante un rato para después coger un autobús.
Seis graditos centígrados a las 8:30 de la mañana... hoy va a hacer frío, pensé.Tras un desayuno sencillo, el ya típico pan con aceite y cabezada de cerdo acompañado esta vez por una sopa picante que pidió Lierna y, sorprendentemente, leche recién ordeñada -o así se sentía, muy, muy sabrosa-, nos lanzamos a pedalear tras una parada en el mercado ya pujante para comprar fruta, guantes y barra de labios con protección solar.
Al final salimos a las 10:30 y poco más de una hora más tarde y unos 16 km paramos a comernos la fruta. Seguimos admirando cada vez más el paisaje y esas montañas nevadas que se empezaban a dejar ver al fondo de los valles afluentes al nuestro. Volvieron a abundar las impresiones de la vida normal, como las chicas con uniforme yendo al colegio, los motoristas cargando de todo, la contaminación de los coches, motos y pequeños camiones, los colores de los árboles y las construcciones vernáculas junto a la carretera o más arriba, en las colinas.
Los campos de cultivo lo cubrían todo o casi todo. La impresión este viaje es que todo se aprovechaba, que no se dejaba un resquicio baldío o bien al libre albedrío de la naturaleza. Luego esta impresión no sería del todo cierta, al menos no en el valle del río Nu que recorrí unos días más tarde.
No todo eran construcciones vernáculas, la modernidad de los chalets adosados también había llegado a esta parte de China.
Paramos al encontrar un mercado en medio de la carretera. Si exagero un poco (pero solo un poco) diría que teníamos que haber parado en cualquier caso ya que la gente lo invadía todo, pero no, no debo exagerar.Esto parecen amuletos hechos de restos de animales, no quiero pensar de qué animales pero seguro que alguno de ellos está en peligro de extinción :(
Me pareció encantador el kiosko de venta de tintes para la ropa. Supongo que no son colores cualquiera sino que son los que se utilizan hace centenares de años para dar sus colores característicos a los trajes tradicionales de estas tribus. Pensaría que las gentes se mantengan muy estrictos en los colores que usen ya que pueden indicar -y normalmente lo hacen- jerarquías.
Colores como en este traje de la señora
Esta construcción sí es vernácula :)
A las 13:30 y pese a que Lierna no había dado muestras de cansancio decidí que era el momento de coger el primer autobús para Lijiang. Llevábamos 30 km que habíamos hecho en poco más de dos horas de pedaladas más o menos rítmicas, más o menos esforzadas. La sonrisa no nos había abandonado y yo disfrutaba al ver que Lierna se estaba adaptando poco a poco al viaje ciclista.
Los inevitables ganchos que de tanta ayuda me han sido en el viaje también esta vez sirvieron para sujetar las bicicletas al soporte superior de maletas y así impedir que se movieran durante el trayecto por la contorneante carretera.
Siempre me han impresionado las montañas, tal vez por ser de Zaragoza y visitar los Pirineos con frecuencia siendo niño. Me siento pequeño en ellas, me siento a veces minúsculo ante la grandeza de estos gigantes de te pueden borrar de la faz de la tierra con una avalancha, una tormenta o cualquier otro fenómeno natural surgido de un momento a otro, sin esperarlo. Y sus vistas, las vistas que te ofrecen desde sus cumbres, de nuevo esa sensación de ser pequeño...
La sensación es que estábamos muy altos, tal vez más de los 3000 que -creo-estábamos en realidad.
En Lijiang y tras encontrar un hotel adecuado (Black & White Rivers, 190 RMB, recomendable aunque esté alejado de la zona turística) y tras una buena ducha salimos a cenar al barrio antiguo, un barrio como de pega por su aspecto excesivamente turístico. Al volver, andando, disfrutamos de la vista de gente que bailaba en las plazas o en la explanada relativamente grande de enfrente del hotel. Eran bailes tipo sardana, en el sentido que la gente se daba la mano y rotaba.Me acosté con la musiquita en los oídos, muy agradable.
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