sábado, 15 de noviembre de 2008

Gongshan - Fugong - Liuku

Diana a las 6:30 y pillamos al vigilante nocturno del hotel totalmente dormido. Me dio pena despertarle pero tenía que devolvernos la fianza que en China siempre te piden al registrarte en un hotel.

Al salir del hotel una mirada me sorprendió con el bonito amanecer reflejado en el parquecito donde ayer paseamos un poco, y cuya puerta tan china ella ahora estaba cerrada.

Salimos para desayunar en el mismo restaurante donde anoche habíamos cenado, casi el único que estaba abierto a esa hora. Me sorprende, de alguna forma, que China no se ponga en marcha más pronto. Hubiera pensado que este tipo de costumbres sería similar a Vietnam, donde a las 5 ya está todo funcionando. Desayuno habitual (aceite, bollo, café para mí y sopa para Xiaoshang) y a las 8 ya estaba pedaleando.

Hacía un frío de cojones, el velocímetro-termómetro de la bicicleta marcaba 2ºC. Era el día ideal para haberme puesto el peto largo pero no me di cuenta, símplemente me olvidé que lo había echado al equipaje precisamente para eso, para el 5% de los días en que podía esperar esta temperatura. Como consecuencia pasé frío, claro.

Además, hoy metí la pata de nuevo, otra tontería: al poco de salir un arroyo había invadido la carretera con piedras y pensé que, para 10 cm de agua que llevaba, podría pasar subido en la bici y no subir la bici en el coche para ello. Claro, me caí - es decir, tuve que echar pie a tierra (a agua para ser más exactos) porque la bici tropezó en las piedras grandes del arroyo.

En fin, el resultado fue que sólo 30 minutos desde Gongshan ya tenía los dedos de pies y manos helados y me tuve que parar y meterme en el coche unos minutos para calentarlos en su calefacción y quitarme las zapatillas ciclistas poniéndome los zapatos con una doble capa de papel. Y 45 minutos más tarde de nuevo tuve que hacerlo, pero no fue necesario más veces. Otro buen uso del coche, supongo.



Vuelta a pedalear esta vez ya disfrutando más de un paisaje que me brindó imágenes preciosas, algunas de estas fotografías casi le hacen justicia. Otro motivo de disfrute es que la contaminación disminuyó. Es decir, todas las calefacciones de leña y de carbón de Gongshan dejaban por todo el valle el olor a óxidos de azufre y otros productos de la combustión resultando en un fuerte olor nada agradable... para mí, que no estaba acostumbrado.

Habiendo leído sobre estos temas yo estoy seguro que esta contaminación tiene el impacto de causar enfermedades respiratorias y por lo tanto acortar la media de vida de la gente del valle. Pero supongo que ni las autoridades se preocupan por ello ni es tan fácil cambiar el sistema de vida de la gente, su uso de los recursos disponibles, la tecnología usada, etc.



En el mismo sitio donde desayunamos ayer nos paramos hoy a comer, enfrente de la farmacia donde aprovecho para comprar más bastoncillos de algodón. Las heridas siguen sin estar bien del todo pero estoy disfrutantdo tanto el días que, tras desayunar, decido seguir un rato más pasado Fugong.

Es decir, me había planteado pedalear hasta Fugong, es decir, recorrer el tramo de casi 100 km desde Gongshan, y ahora decidí seguir más hasta, al menos, donde dos días antes yo había cargado la bicicleta en el coche. Después, cargaría la bicicleta al coche de nuevo y seguiríamos hasta Liuku donde contaba con buen alojamiento, ducha calentita, etc.

Los girones de niebla/nubes se veían subiendo la montaña y dando un aspecto precioso al paisaje.

Llegar a Fugong fue divertido ya que era una hora (más o menos las 3) en que mucha gente y en particular adolescentes estaban por la calle. Para mí era mi hora de sobremesa o sea que me paré a comprar un helado que fui comiendo mientras pedaleaba saliendo de la ciudad y que me sirvió para saludar a los que me saludaban o, a veces, símplemente sonreían.

Esto de los helados ha sido un vicio este viaje: he hecho auténticos esfuerzos para buscar un helado después de una comida o una cena, para cambiar el sabor o tal vez porque mi cuerpo lo necesitara. Tal vez los helados contenían algún oligoelemento que no estaba presente en las debidas cantidades en la alimentación, y el cuerpo lo sentía, no sé...


Al dejar atrás Fugong me di cuenta que a la ida me había quedado a las puertas de la ciudad, y me dio coraje. Pero enfin, esta vez seguí un rato más, unos 10 km, hasta pedalear un total de 123 km.

Después, en el coche, nos costó casi 3 horas recorrer los 130 km que nos quedaban hasta Liuku, y llegamos ya de noche. Busqué un hotel sin internet, pero que presentaba una excelente relación calidad-precio, casi en la salida hacia el sur; un sitio que había visto a la ida pero que entonces no cogí por necesitar acceso a internet.

Tras la ducha salimos a buscar restaurante y nos encontramos con una sorpresa estupenda. Era un restaurante, justo enfrente del puente de vehículos y en el lado del oeste, que tenía un plato muy, muy parecido al cocido con fabes. La única carne era jamón pero es que los chinos producen un jamón parecido al serrano que así como crudo no es tan bueno una vez cocido, no desmerece nada.

¡Lo que lo disfruté! Fue una de esas cenas que uno se corta porque ya son las 9 de la noche y yo si ceno tarde y pesado luego no puedo dormir, es decir, que se corta por prudencia - pero que hubiera acabado con toda la fuente tranquilamente. Lamentablemente no tenía sentido que nos lleváramos el resto para el día siguiente, frío este plato no parecía apetecer.


Anciana fumando mientras camina.

Transporte de personas de corto recorrido

Arañas preciosas (para mí)

Más arañas.

Paisajes desde la bicicleta.






En total pedaleé 123 km y recorrí otros 130 en el coche. Tras 8h20 horas en bici de las que pedaleé en total 5h53m, una media de 20,9 km/h y 57,3km/h de máxima velocidad.

No hay comentarios: