Liuku me ofrece hoy dos posibilidades de terminar el viaje: atravesar la montaña hacia Yongping o continuar valle abajo hasta que me canse. No me encuentro con moral para subir 1200 metros así que decido continuar valle abajo y darme así la oportunidad de pedalear el último tramo que, a la ida, hice en el coche. Después subiré la bicicleta al coche y volveremos a Xiaguan/Dali y dar por concluída esta parte del viaje.
Por todo ello hoy va a ser el último día con Xiaozhang. Incluso si todavía quiero pedalear por la zona de Xiaguan, lo haría sin su apoyo.
No había desayuno en el hotel y salimos a buscar algo. Los kioskos donde habíamos desayunado el otro día estaban, en su mayoría ya abiertos. En uno de ellos ví que tenían huevos para freir y pensé que era una buena idea así que manos a la obra. Xiaozhang pidió su sopa y yo los huevos fritos... bueno, eso pensaba, pero en el restaurante no me habían comprendido.

Lo que vino fue un cuenco de arroz frito que incluía los huevos y alguna verdura, estaba francamente estupendo y me lo comí con gusto aunque hice saber a Xiaozhang que eso no era lo que yo había pedido. Nunca sabré de quién fue el error, pero he percibido que cuando no ha comido Xiaozhang tiende a precipitarse en sus suposiciones - aunque esta vez vi que otros clientes se quejaban por los motivos que fuesen al dueño del restaurante.
Ya en ruta me veo lento. El paisaje no es tan bonito y hay muchas obras en la ruta, pero puedo captar alguna imagen muy bonita, un tanto azulada sin saber yo por qué.
En un momento pasamos un pueblo donde había mercadillo -esta vez no saco fotos- y, poco más tarde, otro donde había habido mercadillo y quedaban todos los restos, basuras, etc. Pasamos también por el grupo de chalets adosados que fotografié a la ida y por el pueblo en construcción.
A los 73 km decidí terminar. Cargué la bicicleta en el coche, me cambién de ropa en la carretera (para escándalo de Xiaozhang, que miraba temeroso no fuera a pasar alguien), y salimos con intención de comer a las dos más o menos y yo de pasar las próximas dos noches en el hotel Yonping de Xiaguan. Y encontramos un restaurante en la carretera, al pie de una roca enorme y junto al curso de unriachuelo un tanto salvaje, con buena pendiente, que era posiblemente responsable de mucha de la erosión de la roca.
Llegar a la autopista fue una pequeña odisea. Llegamos al cruce con la carretera y la dirección de la autopista nos ofreció una carretera en obras muy obras: todo el viejo asfalto levantado, grandes baches en la tierra y mucha, muchísima tierra durante unos 7 km hasta que llegamos al peaje. Y después mejor pero igualmente lento ya que había otro control policial. No llegué a saber nunca lo que buscaban pero sí que a mí me escrutaban con muchísima más atención que a los chinos. "Claro", pensé, "por aquí no hay más guiris, soy raro por partida doble". ¿Pensarían que yo fuera de la CIA? En fin...
Ya en la carretera, en el descanso de la gasolinera de Yongping (que me ofreció la vista de esa mezquita), noté que se me había salido el aceite lubricante en la alforja y me hizo un lío que duró meses: se impregnó el tejido de aceite y lo iba soltando muy poco a poco, ensuciando continuamente hasta que lo até con un papel y gomas... uffff
Al llegar al peaje de Xiaguan eran ya las 19:20 y se formó caos cuando un camión bloqueó una de las vías... por supuesto, en la que estábamos nosotros. Era un poco un remate de un viaje de vuelta, en coche, que se había hecho muy pesado. En el lado positivo y dado que la autopista iba cortando valles y montañas el paisaje era precioso.
En el hotel Yongping me acogieron como siempre, con los brazos abiertos y una sonrisa. La verdad es que ha habido en este hotel un par de momentos de confusión que no han sido agradables, pero se ha resuelto todo. Y, desde luego, recomiendo fuertemente este hotel por simpatía, comodidad, y por relación calidad/precio.






La letrina de hombres del restaurante, 3-en-1.
Me encantó la charla animada de estas mujeres de una de las tribus.

Mezquita en Yongping vista desde la carretera.
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