miércoles, 12 de noviembre de 2008

Baoshan - Liuku en bici y finalmente coche

¡Qué agradable es despertarse sin el despertador!

En bastantes hoteles las camas son duras, más de lo que estoy acostumbrado. A priori esto parecía no molestarme ya que mi espalda agradece dormir en una cama dura. Sin embargo esta noche me dolieron los músculos de las piernas cuando adoptaba una posición diferente de boca arriba. Podría ser el dolor del ejercicio de 185 km en dos días que se manifestara de una forma diferente que las agujetas, y desconocida para mí.



Este hotel -por cierto, uno de los mejores donde he estado y, desde luego, el de mejor relación calidad/precio- no tiene cafetería y por tanto no incluye desayuno, así que salimos a un garito enfrente donde sólo servían sopas. Era uno de estos sitios donde ves, por la clientela que hay, que se debe comer bien. Para mí compré en una panadería al lado un pan redondo con sésamo, un poco dulce, que me comí -mientras XiaoZhang desayunaba su sopa- con aceite de oliva, sal y lomo ibérico embuchado que había comprado en mi suministrador habitual por internet, y que me hizo feliz.

Baoshan está a unos 1660 metros de altitud y comenzamos una ligera subida ya antes de dejar la ciudad, siendo esta una parte del trayecto que me obsequió con una vista para mí inusual: los trabajadores de los restaurantes en formación, primero escuchando las doctrinas del jefe/a y luego haciendo deporte todos al unisono.



Fueron pues unos 9 km que transcurrieron entre el humo de los camioncillos con motor de dos tiempos, nada agradable de respirar, y algo más positivo que fue la vision del paisaje. Había empezado la subida.



Algo que ya había visto llegando a Xiaguan (Dali) fue el trabajo de mármol y -creo- otras piedras para tumbas. En aquélla zona había muchos talleres, trabajando a mano (martillo y cincel) y a máquina con aserradoras. Aquí vi sólo una muestra como la que se ve en esta foto.

Me tiré cuesta abajo rápido pero no tanto como ayer. La carretera estaba en buen estado y el sol bañaba un paisaje que intenté captar en las fotos estas, con más o menos éxito.

No me pareció un sitio muy seguro para aparcar el camión y descargarlo, pero en fin...

Estas mujeres, descansando en medio del trabajo, llevaban las pesadas cargas que se ve en la foto.

Esto es un surtidor que, desde arriba, llena el depósito donde los camiones guardan el agua de refrigerar los frenos. Como es de esperar, este surtidor estaba en lo alto de un paso, cuando más lo necesitarían los camiones.


Un paisaje más, de los que te llenan los ojos.


Tras un cruce desapareció todo este tráfico. La subida continuó hasta los 2000 metros, donde una desviación hacia la izquierda apuntaba a la "Burma Road", otra ruta sin duda muy interesante por su historia y su paisaje.

Siempre me sorprendió el que en Oriente (esto ya lo vi en Vietnam) no encierren las tumbas en un recinto cerrado, cualquiera parece poder enterrar a sus muertos en su campo, una colina, etc. Tal vez me equivoque, pero esa impresión da.

Búfalos por la carretera.

Al llegar abajo, a 1385 metros de altitud y ya tras 33 km de ruta llegamos a un pueblo llamado also así como Toonpiau donde un tentempié de café, madalena y fruta. Parados en las mesas que un supermercado había puesto fuera y con vista a la carretera principal. Los niños se paraban a mirarnos -bueno, a mirarme, lo más raro era yo con mi casco de calimero ciclista-.


Tras una subida a 1550 m y pocos kilómetros de suave colina llegó la bajada hasta el valle del río Nu (Nujiang), una preciosa bajada que nos llevaría entre montañas poco invadidas hasta el puente por donde cruzaríamos.

La belleza de las vistas incluiría los valles afluentes, los altos bambúes, las terrazas cultivadas más abajo, más junto al valle mismo.

Un cartel en carácteres chinos y en inglés anunciaba las posibilidades turísticas de la zona.

He comentado en alguna ocasión que me tomo estos viajes más como la ocasión de hacer un deporte que me gusta de forma continuada que como la de ver monumentos y otros aspectos turísticos pero interesantes de la cultura local. Es lo que me pasó aquí, que podría haber visitado la zona de demostración agroturista pero al final me decidí a seguir pedaleando, disfrutanto de la bajada...

Poco después me llegó la primera caída. En una de las curvas hacia la izquierda se aproximó un pastor con cuatro búfalos. Yo los vi y frené un poco, pero no mucho, y al acercarme a ellos, justo en la curva, me di cuenta que ocupaban toda la calzada y, por supuesto, el pastor no los iba a apartar. Quise frenar del todo justo donde la tierrilla se había acumulado en la carretera, y me fui al suelo. Un poco de sangre y ya está, pero no tenía con qué curarme y decidí seguir hasta el pueblo buscando una farmacia.

En el pueblo me ocurrió -incluso llevando traductor/porteador- que no podía encontrar una farmacia para que me curaran y vendieran medicamento. Acabaron por indicarnos otro sitio, ya dejado atrás y por tanto cuesta arriba, y decidí que no pasaba nada porque la herida se quedara al aire unas horas más y que ya encontraría una farmacia más adelante.

Lo que encontré fue un puesto de control policial donde Xiaozhang y yo fuimos cuidadosamente controlados... y mi brazo curado :)

En efecto, al llegar al puesto una docena de militares, seriamente armados, nos pidieron la documentación y mientras esperábamos que la comprobaran -éramos los únicos esperando o sea que supuse que la carretera no estaba muy frecuentada- una de las militares se fijó en la herida y trajo un poco de yodo que agradecí.

Un kilómetro más arriba (ya habíamos cruzado el puente y era cuesta arriba) un cruce amable con restaurante nos sirvió para reponer fuerzas, bueno, a mí, que mi porteador iba tan rícamente en coche. La comida estaba, una vez más, muy agradable. Aquí vi matar un pez cuando un cliente lo eligió, contra el suelo y a lo bestia. No fue nada agradable pero supongo que el pez sufrió menos que si le hubieran dejado ahogarse fuera del agua.

Llevaba ya 60 km a una media de casi 22 km/h, lo que debí agradecer a la gran bajada. En teoría nos faltaban 80 km hasta llegar a Mengkuan, donde había un alojamiento humilde. Yo quería intentar llegar allí en bici pero no lo tenía nada claro.

Una vez reaunudado el camino vi tres puestos de frutas en la carretera, básicamente todos iguales: una sombrilla, una mesa y naranjas, una variedad de papaya y una fruta a medio camino entre la manzana y la pera, durita, que costaba tiempo comer. Un poco más adelante el estado de las hojas de estos aloes al borde de la carretera sugería un corte selectivo, como un cultivo silvestre.


No había visto todavía los árboles de la papaya, los vi más adelante, pero sí vi cultivos integrados de café y plátanos.

En un descanso para beber agua y comer fruta vi llegar a estas tres señoras. Intenté hacerles una foto de frente sin que se me notara -me sentía que invadía su intimidad- pero no salieron bien. Sólo esta foto salió decentemente.

El valle, en este punto de confluencia con otros valles, estaba bastante abierto. Subiría muy poco (de 740m a 840 m en Liuku si no recuerdo mal), pero la carretera era un poco más pronunciada y ya empezaba yo a cansarme. Los paisajes seguían siendo muy agradables con su mezcla de cultivo y monte bajo y con algunos árboles.

De vez en cuando la vegetación mostraba toda su frondosidad y sugería cómo era antes de que el hombre entrara en competencia por el uso del terreno, destruyendo esa frondosidad.


No mucho más tarde me encontraba cada vez más fatigado y dudé mucho de si seguir hasta Mengkuan. Llevaba 63 km desde el cruce donde comimos, en teoría 66 de los 81 km. Pensé que estaba fatigado y que de todas formas no iba a llegar, que sería mejor cargar la bici en el coche y dar por terminada la jornada ciclista.

Otra idea que me vino a la cabeza es que esta ruta tenía kilómetros de sobra para los días de vacaciones que yo tenía. Finalmente, también pensé que en Liuku, 57 kilómetros más allá de Mengkuan, había alojamientos mucho mejores y que merecía la pena, ya que iba a subir la bici al coche, tirar para dormir en Liuku. Y eso hice.

Una de las últimas vistas que me obsequié desde el sillín fue cruzando un pueblo, la vida normal en ese pueblo: los gansos del gasolinero, patos bañándose en plena carretera (bueno, en la pequeña acequia que cruzaba el pueblo junto a la carretera), un niño jugando, las gentes que me miraban y reían...



No sé si he dicho que China es el primer país del mundo en instalaciones solares térmicas, con más superficie instalada que el resto del mundo junto. Estos son ejemplos de cómo se comercializan incluso en cualquier pueblo perdido de monataña.



















En total pedaleé 123 km con una media de 21,3 km/h, bastante alta, y una velocidad máxima de 59kmh. Sobre la bici estuve 5h50m y la jornada había durado 8h45m (de las 8:45 a las 17:30 que llegué al coche)

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