Había previsto despertarme a las 6:30 para estar en marcha a las 8... siempre y cuando no hiciera un día de perros como el jueves. Sí, me desperté como previsto, pero abrí la persiana, vi el día y me volví a dormir. Una hora más tarde la cosa era un poco diferente: los mismos charcos en la calle pero una parte ya estaba seca y no llovía.
Conseguí salir a las 9 cuando el cielo estaba cubierto y las pocas gotas que caían ni siquiera molestaban. Lierna tomó el autobús para la ciudad vieja de Dali mientras yo cargaba mi bicicleta. Habíamos quedado en la tienda de alquiler de bicicletas y yo esperaba que, dado la frecuencia de los autobuses, ella llegara antes. Habíamos planeado llegar a Lijiang en tres etapas: a Ér Yuan (75 km, 60 desde Dali), de aquí a Jianchuan (unos 65), y hasta Lijiang 77 km más. La vuelta sería en autobús para que en los días que me quedaban yo pudiera pedalear la otra ruta que me apetecía, la subida del río Nu. Lierna sólo tenía una semana de vacaciones, no podía contar con ella para la ruta larga.
La carretera estaba tranquila, es una autovía bastante tranquila a la salida de la ciudad e incluso hasta llegar a la vieja (y bella, ver las fotos de ayer) ciudad amurallada de Dali. Me di cuenta que las cumbres que rodean el lago Erhai estaban nevadas de la noche anterior, esa nieve/capa fina que desaparecerá con los primeros rayos de sol pero que hasta entonces ofrece un paisaje entre misterioso y fantasmal pero en cualquier caso muy bello. El termómetro de la bici marcaba 12 ºC en esos momentos, no mucho frío.
Muchas casas de Dali tienen aspecto de ser nuevas-viejas, parece que haya una normativa que obligue a construir en materiales tradicionales de la zona pero los diseños de las casas, con terrazas y balconadas, son modernos. Es una mezcla interesante, tal vez hoy rara pero que en unos años podría ser considerada muy bonita.
Llegué a la ciudad vieja (55 minutos, 17 km y 100 m de subida) y aproveché para re-desayunar un sabor conocido. En este tipo de antiguas y bonitas ciudades siempre hay un “aventurero” alemán, italiano o australiano que se monta un bar/agencia de viaje de aventuras/pensión/pastelería. Así que en una pastelería/cafetería alemana (perfectamente atendida por tres chinas) y me tomé un café bien cargado y una magdalena densa, de esas nórdicas con pasas y almendras. Compartí mesa con un londinense que había previsto irse ayer pero se quedó un día más por la lluvia, y quien se interesó por si yo conocía algún sitio interesante en Indonesia para pasar el Año Nuevo. ¡Lamentablemente, no!
La parada en Dali, de una hora, había dado tiempo a que llegara la lluvia y casi casi a que se fuera... pero no del todo, o sea que salimos con impermeable. El problema de los impermeables en bici es que uno suda más y no se evapora del todo, o se queda en el impermeable. Así que los ciclistas tendemos a mojarnos un poco y, en todo caso, en cuanto uno puede se lo quita. Pues bueno.
Dejamos Dali con mucha fuerza, un poco para mi sorpresa. Lierna también estaba encantada con su bicicleta de montaña alquilada, se sentía bien con ella y lo noté en que iba también fuerte. 12h20, segunda parada a las 2h05m de pedaleo (yo), 38 km desde Xiaguan y 21 desde Dali. Habíamos acelerado porque siempre a dos se va más rápido. Definitivamente Lierna tiraba.
Yo estaba un poco sorprendido porque, entre otras cosas, equipo, lo que se dice equipo, no es que fuera muy adecuado. No había traído zapatillas ni ropa deportiva y su único equipo ciclista era la camiseta que yo le había prestado. Pero en ningún momento se alejó más de 30 metros de mí salvo en las bajadas (una bici cargada baja mucho más rápido que una sin carga). Cuando esto pasa es que el de atrás podría tirar más rápido que el de delante... pedaleando con tacones... uff. No quiero ni pensar dónde me podría haber dejado si lleva bici y equipo al nivel del mío... menos mal que se ríe constantemente.
El camino seguía la orilla oeste del lago Erhai entre 50 y 100 metros más alto. Era ondulado, agradable, permitiendo (ejem, más bien requiriendo) usar los desarrollos más cortos en alguna subida que otra, y ofreciendo unas vistas preciosas del lago, de la ladera contraria, de las montañas y del verde de los arrozales que además brillaba por el sol recién salido y que (¡bien, bien, bien!) nos acompañaría toda la jornada hasta el punto de necesitar protección solar.
Tomé algunas fotos y me gustó mucho una de una abuela con su nieto aunque para tomarla tuve que utilizar un pequeño truco: me acerqué con la cámara y me dijo que no, le señalé el nieto y... ¿que abuela no se hincha cuando un personaje tan raro quiere hacer una foto de su nieto? Pues eso, que cayó la foto.
13:30 y paramos a comer en una población de un cierto tamaño, mesa llena de viandas estupendas (bueno, algunas muy picantes... no tan estupendo para mí) y tres aguardientes locales que pidió la moza esta ... por 3 €. Maravillas de viajar con alguien que sabe el idioma, supongo. Seguíamos aumentando la media y ya llevaba (yo) 53 km en 2h53.
En seguida nos alejamos del lago hacia el norte y unos kilómetros más tarde llegamos a un congosto precioso aunque no muy largo. Había tráfico pero no mucho del tipo más contaminante (camiones y pseudo-camiones viejos con motor a dos tiempos) y se subía bien. Me había puesto protección solar un poco antes y en el congosto daba más bien la sombra... Murphy, supongo. Pero enseguida salimos para enfrentarnos a una subida hasta la cota 200, fuertecilla... y Lierna no se quedaba atrás...
Llegamos a Ér Yuan a las 16h30 para enfrentarnos a un hotel aparentemente con agua caliente pero que en realidad nunca llegaba. Los empleados nos decían que esperáramos 10 minutos más, que enseguida llegaba el agua caliente... hasta que salí yo en toalla y con cara de frío y vieron claramente que así no podía ducharme, así que algo pasó y al cabo de 10 minutos (esta vez sí) tuve agua caliente.
Tras la cena en un restaurante de los que empezaba a acostumbrarme (y para los que hace falta traductor o sino no te comes una rosca) volvimos al hotel para encontrarnos con un anciano médico yanqui y su mujer/asistente china. Una historia muy interesante ya que era el médico de las montañas: estaba una temporada en un pueblo y cambiaba a otro y así varios años. Por lo que entendí tenía una especialización relacionada con enfermedades contagiosas, algo en lo que la medicina china a veces podría tener sus puntos débiles. Vamos, que hacía una verdadera labor humanitaria.
Compramos zapatillas para Lierna, claro.En total pedaleé 75 km en 4h 7m, a 18,2 km/h de media y con una máxima de 52,2, el desnivel no parece que fuera más de 400 m sobre el lago.
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